miércoles, 4 de agosto de 2010

Me volaste la visual

video

Edimburgo fue la ciudad en la que tuvo lugar el primer grandísimo reencuentro con una de mis amigas del alma: Con Eliana. Si bien la vi en Londres, ir a Escocia donde ella vivía era el verdadero revivir de mis grandes amistades rosarinas. Una vez más, el fluir ininterrumpido de nuestras palabras nos dio a entender que, al menos, en nuestra amistad, el tiempo se había detenido, inmóvil, imperecedero. Hablamos como si nos hubiéramos visto la semana anterior, sensación erizante de piel que me pareció por momentos tan natural como inverosímil. Nos pusimos al día, al minuto, nos calibramos y nos abrazamos como tres veces. Compartimos momentos muy gratos juntos y, en los momentos que no compartíamos, yo me escapaba y me iba a recorrer la ciudad que me dejó atónito, perplejo, sin palabras, sin calificativos descriptivos, balbuceante, tonto y medio corki (como en el video, con casi nada para pronunciar) por su arquitectura céntrica perfecta, inmaculada. El detalle arquitectónico de Edimburgo es algo que nunca vi. Cada edificio que mirás es sencillamente perfecto. Está lleno de pasadizos y callejoncitos con cafés que son para sentarse a tomarse cualquier cosa, o solo para sacarles una fotín y seguir maravillándose. El jardín/parque "Prince Street Gardens" es sencillamente perfecto; cae en hondonada, en ángulo de 45º, con un verde típico escocés de cancha de golf, intenso, fluorescente casi de resaltador, combinado con la vista del castillo en la colina y espolvoreado con flores de colores del guerrero del arco iris. Nunca en mi vida vi un parque tan precioso como ése. Me calcé la rojinegra y fui reconocido por un argentino, Santi, un viajero de ley también, un busca de aquellos, y con el que me reencontré en Glasgow.

Escocia me encantó. El acento escocés es casi ininteligible, pero mucho más atractivo que el inglés. El escocés es más amigable, más rápido y más confianzudo que el inglés. Comparten muchos rasgos obvios pero es como que el escocés tiene un plus. No me pregunten qué, lo sentí en el aire, en ese aire de colina y nube espesa, que por ahí te concede un pedacito de cielo, momento en el que decís: "¡Guau! ¡El cielo era celeste! ¡Casi me olvido!" Sí doña, eso que fui en verano. Ni quiero ponerme a pensar lo que debe ser en invierno.

2 comentarios:

Florencia dijo...

Grossa Eli. Grosso César. Grosso Edimburgo. ¡Besotes!

desde Bruselas dijo...

No tengo ni ganas de pasar de una isla a otra pero Escocia y Liverpool desde tu mirada prometen algo...
quizas.. quizas cambie mis planes..