viernes, 15 de octubre de 2010

Una España compartida

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Fui a España sólo para reencontrarme con vos,  Julia. Crucé toda Francia y mitad de la madre patria de un tirón para pasarte a buscar por la estación.  Perdonar es divino y vos fuiste ambas conmigo, y sólo por eso me hubiera ido hasta la Isla de Pascua solo para encontrarte. Me la pasé hablándote, en soledad, como si fueras mi mujer invisible que me acompañaba en bicicleta por la ciudad canal, que se acurrucaba conmigo en el ciber café o con la que soñaba en noches de preocupación en una ciudad de luciérnagas artificiales y arte incomparable. Te imaginaba a mi lado y te añoraba, más que a nadie, tachando las horas y los días que nos separaban con calmada desesperación. Hasta que por fin nos tuvimos enfrente, cara a cara, como tanto habíamos querido. Caminamos juntos y separados, compartimos comidas, recitales, tardes al aire libre, muchas tapas sabrosas; Madrid, Sevilla, Granada y un mordisco intenso de Barcelona junto a mi pluscuamperfecto Florencia Solina, y mi pretérito perfecto Paulina Campos Córdoba. Vos, mi presente, hizo que todo encajara perfectamente al descubrir que sólo algunas cosas cambian, mas no las relaciones arraigadas en los nervios sensibles del sentimiento. Tuve el inmenso honor, suerte y placer de poderme reencontrar con Pepe, personaje caricaturesco que conocí en Tulum, profesor de Secundaria con ideas tan liberales como las libertarias revolucionarias y con un propósito único en la vida: pasarla de puta madre, disfrutar y reírse de sí mismo y de todo. Nos dejó las llaves de su piso en Madrid cual amigo se brinda enteramente con todo lo que tiene, compartiéndolo sin más. Muchas gracias Pepe, muchísimas gracias por las historias y la hospitalidad sin límites en esa casa con balcón selvático.

Viajamos en colectivo, dormimos en hostales y no me importó porque solo no estaba, sino con vos Juli. Estar a tu lado me devolvió el alma al cuerpo, me dejó tranquilo y feliz. Gracias a vos descubrí  a  España, una tierra preciosa, colorida, latina, sabrosamente salada, plagada de vino, placeres, sol, clima cálido, gente hospitalaria y arquitectura imperial. Me devolviste a las raíces, al murmullo del idioma materno, que no escuchaba desde casi un año, y por sobre todo, me trajiste de regreso la sonrisa al mirarme, sonreír y achinar tus ojitos, expresión que te iluminaba la cara, te renovaba, y te hacía brillar cual sol de medianoche baña  las montañas del norte, acariciándolas suavemente con su calor.
Fue una España compartida, codo a codo, pie a pie, de a dos, ¡juntos otra vez!
Uno dos tres, te quiero Julita; cuatro, cinco, seis, con todo mi corazón; siete, ocho nueve, no podría parar de contar…




3 comentarios:

CukiTa dijo...

:) Que linda Petrelli, Petrelli!!!
Alguns coincidencias!
Te quiero!!

MiLu dijo...

Oh, me encantó esta entrada!! Son unos amores ambos dos!

cukita dijo...

Habia una pelotuda que no paraba de reirse..
que mala camerawoman que encontraste!! jaja

te quiero